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 El diario de Oriol Puig en Nueva York 
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SEMANA 2:
De Atracciones a Coney Island

Nuestro primer ejercicio en 16mm consistía en contar una historia en tres planos, sin sonido alguno. Debido a la falta de tiempo, las dos primeras prácticas se ruedan en la escuela o en las calles de los alrededores. En cuanto a los actores, lo más sencillo resulta utilizar a alguno de los miembros del grupo. En estas condiciones, nadie espera obras maestras. Al fin y al cabo, esta práctica es más una prueba de cámara que un reflexionado ejercicio de narrativa.

En la NYFA, uno debe asistir a todos los rodajes de los miembros del grupo. Se alternan las posiciones de director de fotografía, asistente de cámara, gaffer o actor, según decide la persona que dirige el rodaje en ese momento. En general, los rodajes fueron bastante amenos. La gente del grupo es maja y esta vez no hubo problemas. Eso sí, enseguida quedó muy claro que todo el mundo andaba perdido. Algo lógico, por otro lado. Lo cierto es que, si empiezas de cero, es difícil asimilar en tan poco tiempo toda la información que te dan en la primera semana. De repente, te lanzan a la calle con una cámara de 16mm y nadie sabe por dónde empezar. Imagino que la escuela es consciente de eso y lo que busca es una especie de terapia de choque: cuanto más pronto te des una hostia, más pronto aprenderás.




















El resultado fue una escabechina fílmica de la que no salí ileso ni libre de culpa. Aunque jugaba con la ventaja de tener algo más de experiencia, mis habilidades con un fotómetro son equivalentes a las de un mono con un pincel. El transfer a digital de mi primer ejercicio reveló una serie de imágenes ennegrecidas en las que estuve buscando información sin demasiada suerte.

En clase, la proyección de los ejercicios fue una terrible sucesión de películas subexpuestas, repletas de planos inconexos que daban un nuevo significado a la palabra experimental. Las únicas historias comprensibles eran las más elementales: personas resbalando con la piel de un plátano, hombres con ganas de orinar, peleas a lo Matrix... Al final de la proyección, borrachos de tanto sinsentido, todos aplaudimos a rabiar.

Eladio, el director de fotografía de mis cortos, llegó el miércoles para pasar una semana en la ciudad. Después de mis últimos problemas de exposición con los 16mm, ver su figura entrando por la puerta de casa adquirió el empaque de una aparición mística. De repente, me sentía protegido. Por otro lado, también sentía cierto despecho hacia él. El muy traidor me había dejado abandonado en un laberinto de diafragmas y fotómetros enloquecidos. En realidad, Eladio no vino para ayudarme en la escuela pero fantaseé con esa idea durante un buen rato. Está claro que, si él estuviese en el curso, aumentarían mucho las posibilidades de volver con algo digno a Barcelona. Una lástima.




















A todo esto, debo decir que Eladio pasó una primera noche movidita. Como venía agotado del viaje, cenamos y le acompañé a un hostal cercano que le había buscado. Se alojaba en una habitación de seis literas. Al parecer, cuando ya llevaba un rato durmiendo a pierna suelta, recibió la visita de un tipo que le amonestó porque sus ronquidos no le dejaban dormir. Eladio no hizo mucho caso y continuó a lo suyo. Minutos más tarde, el tipo reapareció y se instaló en el interior de su cama. Como seguía roncando, se quedaría allí para darle un golpecito en la espalda cuando volviera hacerlo.

Eladio, que es un hombre pacífico, pasó de todo y siguió durmiendo. Lo siguiente que le preguntó el intruso fue si era “STRAIGHT”. Eladio, sin saber muy bien qué significaba, respondió que NO. A partir de allí, el asunto subió de tono: el tipo estuvo preguntándole si le podía besar, susurrándole picardías en el oído y buscando pegarse a su cuerpo como una sanguijuela. En fin, que el pobre estuvo en duermevela durante unas buenas horas, intentando convencer al tipo para que volviera a su litera y, a la vez, cayendo redondo de cansancio de modo intermitente. Al final, como Eladio es grandote y rehuía el contacto directo, el tipo decidió volver a su litera. Al parecer, no estaba cómodo en el trocito de cama que le quedaba. Ya lo ven, si piensan ir a dormir en hostales de NY, asegúrense de repasar su inglés.

Por la mañana, me sentí muy culpable por haberle encontrado ese tugurio. El hostal salía barato y, en un primer vistazo, me había parecido decente. Afortunadamente, como Sylvia hizo buenas migas con Eladio, le dejó quedarse en el loft unos días y el incidente no se repitió. Esta vez, cuando le pregunté si era straight respondió que SÍ.




















El resto de la semana lo pasé haciendo el turista con Eladio, con total desvergüenza. Visitamos todos los enclaves del turismo oficial: el Empire State, la Estatua de la Libertad, Central Park... También estuvimos en Coney Island, comiendo hot-dogs y vomitándolos alegremente en el Cyclone. Fuimos a restaurantes y salimos de fiesta. Sienta muy bien estar aquí con un amigo.

En cuanto al curso, me salté todas las clases que consideraba prescindibles. De todos modos, asistí a las clases de dirección de fotografía y a todos los rodajes. No quería dejar tirado a nadie del grupo.

A finales de semana, empezamos a rodar el segundo ejercicio, el de continuidad. Básicamente consistía en grabar una escena de 10 planos, respetando los ejes y las direcciones en que se movían los personajes. Como no había tenido tiempo para pensar nada, acabé rodando una chabacanada terrible que improvisé unas horas antes. Me justifiqué diciéndome que lo importante era la continuidad y que las condiciones no daban mucho de sí pero, vamos, aún me asusta pensar qué tipo de mecanismo mental me empujó a rodar ESO. Me queda el consuelo de que la exposición estará bien porque Eladio nos ha ayudado con las luces. Con que haya imagen, me doy por satisfecho.

En cualquier caso, intentaré tomarme más en serio el próximo ejercicio: el videoclip musical. A ver qué sale...
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