|
A media semana, Ángel y Patricia me sacaron a bailar en el Meatpacking district. Acabamos entrando en una discoteca repleta de asiático-americanos donde un par de raperas ofrecieron un show muy guasón con canciones de ALTO VOLTAJE SEXUAL. Al parecer, el tono deslenguado de las artistas debió propagarse por la discoteca ya que, minutos más tarde, una camarera obsequió a Ángel con un sonoro “¡Bloody Bastard!” por no recompensar el lamentable trato que nos había dispensado con una generosa propina. De todos modos, no nos dejamos intimidar y decidimos seguir visitando a esa iracunda señorita, hasta que todos acabamos ejecutando exquisitos movimientos en la pista de baile, en completa armonía con la rotación del globo terráqueo y la posición de las estrellas.
El día anterior a marcharme, fui a cenar con Sylvia a modo de despedida. Como siempre, fue muy agradable charlar con ella y que me enseñara algunos rincones con encanto de la ciudad. Qué puedo decir, es una persona magnífica. Y ya está.
En cuanto a la escuela, me despedí de ella de un modo bastante más deslucido. Como acostumbra a pasar cuando organizo algo, me había equivocado al comprar el billete de vuelta y coincidía con el último día de clase, concretamente con la proyección de los últimos trabajos del curso. Al final pude asistir al pase de 4 o 5 de ellos, entre los que figuraba el mío. Mi “videoclip” fue recibido por la clase con más desconcierto que entusiasmo, aunque al profesor le arrancó alguna sonrisa. Como se escapaba mi vuelo, tuve que desaparecer en la oscuridad, a mitad de una proyección, como una sombra fugaz en la que nadie repara. Susurré un tímido adiós que algunas personas devolvieron y salí de allí a toda pastilla. Adiós NYFA.
En el aeropuerto tuve tiempo para perder la tarjeta de embarque, recuperarla en el quiosco donde había comprado unas revistas y pensar en todas las cosas que me habían quedado por hacer en la ciudad. Una de ellas, la que más rabia me daba, era haber incumplido la promesa que hice con mis amigos y ex-compañeros de trabajo de Minsk (www.minsk.es). Consistía simplemente en tomarme una foto en Nueva York vistiendo la camiseta de “Ex-designer” que me habían regalado tras dejar el estudio, para colgarla en este diario. A favor mío, debo decir que se equivocaron de modelo y acabaron regalándome una camiseta de mujer, con lo que resultaba un engorro andar travestido por las calles de la ciudad. En cualquier caso, aprovecho para decirles que, ahora que ese par de pilluelos han conseguido deshacerse de mí, han pasado a ser el estudio de diseño gráfico definitivo. Aprovéchense de ello.
En cuanto a mí, qué les voy a contar. Tras ganar el Notodofilmfest.com, decidí hacerme el valiente y abandonar mi antiguo trabajo para intentar hacer lo que me gusta, aunque me diese con un canto en los dientes. De todos modos, debo reconocerles que mientras regresaba en el avión hacia Barcelona, embargado por la nostalgia de abandonar Nueva York y con cierto acojone por dirigirme de cabeza al desempleo, no podía dejar de decirme: “Bueno... ¿Y AHORA QUÉ? ¿EH? ¿AHORA QUÉ?”.
|