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 El diario de Jorge Esteban 
Diario de un españolito
en Oxford  




¡Primer premio para 5,25! ¡Primer premio! Que sí... vale... muy bien, has ganado el primer premio... Las felicitaciones de turno y demás, todo muy bien... y cuando todo eso pasa, ¿qué? Pues que te da el bajón. Eso sería en circunstancias normales, je je... porque como el premio era rodar otro corto en la NYFA (la New York Film Academy), pues ¡ala, otra vez en faena! (de hecho al final no rodé uno, sino tres, en la semana que duraba el curso...) Así que me puse a pensar hasta que di con otro guioncito. Pero esta vez en lugar de hacerlo de 30 segundos, decidí hacer una superproducción y ¡¡entrar en el formato de 3 minutos y medio!! (todo un reto, espero no caer en momentos vacíos...). En lugar de irme a NY, decidí hacer el curso en Oxford, que pilla más cerca (y también tiene la NYFA sucursal allí).

 Pasitos previos 



Ahora me quedaba allanar el camino antes de ir para allá. Lo primero era traducir el guión al inglés. Yo lo intenté, pero no sé, no quedaba fino. En fin, que una amiga me echó una mano, para que tuviera un toque "british", profesional. Con respecto a la idea del guión, quise jugar con los elementos de 5,25 pero desde otra perspectiva: o sea, una tienda y una ancianita. Al final me salió que la ancianita era lo de menos en la historia, ya que mi prota era un niño de 10 años. ¡Ale, al otro extremo de la curva de edad!.

Así que venga, ¡a buscar un niño actor! Barriendo la web di con un grupo de teatro de niños cercano a Oxford, así que me puse en contacto con ellos, les mandé el guión, y concerté una cita para nada más llegar allí. Lo de la tienda que me hacía falta ya lo solucionaría in situ, porque por internet...


 Menos samba y más traballar 



Llego por fin al aeropuerto de Londres y me toca esperar dos horas porque pierdo el autobús para Oxford. Genial. ¿Qué haces con dos horas libres en un aeropuerto? Pues rodar un corto.

Cámara de vídeo, lo que se dice de vídeo, no tenía en aquel momento, pero recordé que mi camarita de fotos grababa vídeo también. ¡Notodero total! Así que me puse a pensar diez minutos qué podría rodar y se me ocurrió una idea. (Idea no muy original y totalmente influenciada por la realidad de los aeropuertos durante este verano). Y ale, manos a la obra, a rodarlo. La gente me miraba bastante alucinada. ¡Es el mundo del cine! No es la historia de mi vida, pero me divertí montándolo luego. (Delay. Aquí está, por si queréis echarle un vistazo.)

Y por fin... ¡Oxford, la ciudad académica! Sí, sí... vale... muy bien... muy bonito. Venga, a encontrar la tienda, dar el visto bueno al niño, buscar una ancianita, ¡y cruzar los dedos para que todo salga bien!

Jorge en Oxfordseparador escudo

Llegué un sábado por la tarde y el domingo por la mañana conocí a mi protagonista: un niño rubito con cara angelical (cuando la historia la escribí pensando por aquel entonces en Nueva York, así que mi prota era un negrito del Harlem profundo, o algo así...). Su madre, que era profesora en el grupo de teatro, muy simpática, sabiendo que me hacía falta una ancianita, ¡me presentó a la abuela del niño! (¡casting doble!). No era precisamente la adorable ancianita tipo "Miss Marple" que yo tenía en mente (era más bien una "Señora Fletcher", o sea, algo más joven), pero valdría.

 
 De tiendas 



Aprovecho el resto de la mañana del domingo para buscar la tienda. Mi primer objetivo eran los "badulaques" (ya sabéis, como el de los Simpson, o sea, la típica tienda 24 horas). Al hablarle del rodaje, el Apu de turno se echa a temblar y me manda a hablar con el "manager" que evidentemente no está en ese momento... Mi táctica no está dando resultados. Decido cambiar de estrategia. Buscaría una tienda en la que los dueños fueran los dependientes, así que nada de badulaques. Encuentro un "todo a 100" regentado por un matrimonio inglés. Le pido permiso para rodar a la mujer y me contesta que lo que su marido diga. Sí, sí... El marido antes de darme permiso, mira a su mujer que asiente de lejos. ¡En fin, los matrimonios son iguales en todas partes!

Exterior tiendaInterior tienda ticket

Son muy amables, así que, para caerles bien, les compro alguna cosilla. Y en el momento de pagar, empiezo a rebuscar el importe exacto entre un sinfín de monedillas de libras y cuartos de libras, y no sé qué más, así que hago una alusión a lo cómodo que son los euros cuando viajas... ¡Bufff! ¡Cómo se puso la mujer! Que si "sus" libras eran un signo de su identidad cultural, que si llevaban la cara de la Reina… Vamos, que rectifico a toda prisa, ¡porque me quedaba sin plató! Total que quedo con ellos que el miércoles rodaría allí de 12 a 4, pero que no cerrarían la tienda, sino que continuaría abierta...




 Preparando el tinglao 



El lunes empezamos las clases. Somos cuatro, así que estamos en familia. Ese día nos explican el funcionamiento de la cámara que vamos a usar. La X-100 de PANASONIC. Es vídeo, pero graba en progresivo. No está mal. Aunque hubiera preferido rodarlo en 16 (como en los cursos de 4 semanas), en parte me alegro por que no voy a poder utilizar iluminación artificial en la tienda y en cine no se hubiera visto nada.

Aprovecho la tarde para acercarme a la tienda y planificar los tiros de cámara (todo cámara al hombro porque no hay sitio para plantar el trípode, y con gente paseándose y comprando, menos).

Jorge Estebanseparadorfoto

El martes se destina todo el día a clases de narración, básicamente un poco de Dirección de cámara y uso del montaje. Dedico la tarde a acercarme al "set" y grabar casi todo el corto con mi cámara de fotos/vídeo, conmigo como único actor, para cerciorarme de que mis decisiones visuales son correctas. Así los dueños de la tienda se van acostumbrando a mí, y compruebo de paso cómo se toman el tener a alguien ahí haciendo el mono. (Sin problemas, por ahora.)



 
 ¡A jugar! 



El miércoles a primera hora grabamos parte del corto de un compañero, y luego vamos todos a mi “set”. Los dueños son tan amables como antes, y yo me pregunto cuanto durará esa amabilidad cuando estemos ya manos a la obra. Empiezo a ensayar con el niño y compruebo para mi asombro que es un actor profesional disfrazado de niño (una especie de Haley Joel Osment). Viene con todo el guión ya ensayado en su casa, comprende las motivaciones de su personaje perfectamente… Flipo en colores.

En cuanto a su abuela, hombre, no es mi ancianita de 5,25, pero sirvió para el papel. Además, el peso del corto recaía en el niño esta vez.

El rodaje va bien. Intento tomar las decisiones lo más rápido que puedo (para lo que la "previsualización" del día anterior con mi camarita de fotos me fue de gran ayuda).

Equipo de rodajeseparadorfoto2

Lo que era insoportable era tener que esperar a que los clientes que entraban en la tienda dejaran el campo libre. No podíamos presionarles ni decirles nada. A veces estábamos a punto de tirar la toma buena cuando entraba alguien... y ale...a dejar el pasillo libre. ¡Y por supuesto con una sonrisa! En qué día se me ocurriría escribir un guión en una tienda. Y claro, llegó el momento que esperaba y que tanto temía… ¡la dueña explotó! Se me acerca a mí y me dice: "¡¡Un cliente no ha entrado en la tienda por culpa vuestra!!". Ya está, pensé. Se acabó el rodaje. Pero no. La mujer se volvió a su sitio detrás del mostrador y nosotros tuvimos más cuidado con no entorpecer la entrada de "sus" clientes. Y ahí quedó la cosa.

Otro aspecto que dificultó también el rodaje fue el calor. Cómo sabéis, los británicos no suelen pasar olas de tanto calor como la que han tenido este verano, así que no abundan los aires acondicionados. ¡Vamos, que no los conocen!

Fueron unos 24 planos, a veces repitiendo 7 u 8 veces (deleitándome de que no fuera cine...). Sinceramente, los dueños en general se portaron muy bien. Hay que echarle narices para dejar a unos tíos que no conoces que se metan en tu tienda a rodar.




 Final con guinda 



El resto del miércoles y el jueves lo destinamos a rodar los cortos de mis compañeros. La semana pasaba volando, y el viernes por la mañana montamos por fin los cortos, para luego hacer el gran "screening" por la tarde. Vinieron mis actores, algún familiar de mis compañeros y poco más. Ahí estábamos 15 personas en una sala de proyección súper grande... En fin, ¡¡lo importante son los cortos!! Aplausos, felicitaciones, diplomas...

Cárcelseparador escudo2

Y se acabó el curso, ¡pero no los rodajes! Resulta que yo creía que el curso duraba hasta el sábado, así que tenía todo un día en Oxford sin nada que hacer. ¡Podía hacer turismo! ¡PFRRR! (pedorreta) ¡¡Tenía mi camarita y todo un día!! Así que me puse a pensar... esta vez quería utilizar la ciudad para mi historia. Y buscando donde rodar, di con una prisión medieval que había estado activa hasta hace 10 años, y que la acaban de hacer museo... mmmmmm... qué interesante...

Y así acabó mi periplo por Oxford: metido en una prisión, corriendo por los pasillos y las celdas, rodando unas tomitas. Todo sea por el cine.





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